La visita de los Ortega fue lo más destacable de mis últimas semanas en las Américas. Primero, cinco días en Nueva York, demostrando que se pué hacer tó lo que hay que hacer en ná y menos de tiempo. Vimos desde el Empire State hasta el Bronx, desde paseo en limusina blanca-hortera hasta misa Gospel en Harlem, desde Central Park hasta los judíos ortodoxos de Brooklin.
Los guías sudamericanos (no-es-sierto?) se empeñaban en señalar tos los lugares donde se ha rodado Sexo en Nueva York, desconociendo que no teníamos ni idea de lo que estaban hablando –y que nos importaba entre cero y nada. También pudimos comprobar que en Nueva York se puede sobrevivir sin inglés (esto lo corroboró mi cuñao al intentar hablar en español con todo camarero, fuera latino o no), que la vida del turista es muy hostil (NO subáis al Empire State que hay 209283409823 personas en colas escondidas e inesperadas, el Rockefeller Center es mejor!), y que tó es muy caro –sobre todo comparado con Pittsburgh.
El último día en NYC se nos unió Laurent, el cual fue un apoyo logístico de gran importancia para la transición y fase de estancia en Pittsburgh. Aquí la cosa fue con más calma (aunque no faltaron actividades organizadas, tales como paseo en bote o asistencia a partido de baseball). Mis padres se quedaron en un hotel, pero Laurent, mi hermana y mi cuñao estuvimos en casa –y Emily también, osea que estuvimos bien apretaicos. Emily nunca olvidará tan entrañables días, siendo llamada “MAI FRIEEEEEEEEND!!!” por mi cuñao cada diez minutos.
La ceremonia de graduación fue muy peliculera, porque mira que a los americanos les encantan las togas, los birretes, las procesiones y los de tó. Fue una tarde larga para todos pero para la familia Ortega en particular, que tuvo que tragarse un discurso detrás de otro sin entender palabra de inglés. Pues ahí estuvieron, lo más dignamente que se pudo, luchando para no dar cabezazos en las butacas. Nos dieron los diplomas, dos mil millones de fotos… y ya está. Después se me ocurrió la ideaca de llevármelos a tomar algo a un pub cutre lleno de nenicos universitarios, en el cual nos pidieron el carnet pa entrar (incluyendo a mi padre, 71 años). Tras una discusión absurda con el de la puerta nos dejaron pasar y nos tomamos un algo brevemente.

Mi último recuerdo de la visitaca fue mi padre haciéndome gestos en el control de seguridad del aeropuerto, porque llevaba un tarro de mermelada en el equipaje de mano y me lo tuve que quedar yo, qué ilusión.
Después permanecí en Pittsburgh un par de semanas más, arreglando asuntos y vendiendo muebles. Uno de los eventos más surrealistas a la par de innecesarios a destacar fue la “Noche del Banjo”. Cuando digo innecesario me refiero a mí, que podía haber pasao sin ello, aunque la gente allí estaba en un estado de felicidad difícil de describir.
La despedida de mis amigos consistió en cena+karaoke, no se puede pedir más… pero en el auténtico momento de decir adiós fue bastante duro. En estos dos años he creado vínculos muy fuertes con algunas GRANDES personas con las cuales comparto muchísimos intereses, visión de la vida, etc. Además, resulta aún más difícil porque por el camino que hemos elegido es complicado que coincidamos así como así…
En fin…
Tras un tiempo de relajación absoluta en España, ahora estoy pasando unas semanas en Berlín con Laurent. Busco trabajo, echo solicitudes donde pillo, y esta semana tengo dos entrevistas. De las entrevistas y los tests a que te cojan realmente hay un gran trecho, por eso no hay que ilusionarse, pero algo es algo. En semanas sólo había tenido negativas, o peor, no había habido respuesta alguna.
No sé qué va a ser de mí todavía, pero no tengo perspectivas de seguir abriendo blogs indefinidamente, aunque siga dando vueltas por el mundo. Cuestión diferente sería si acabo en un destino con un nivel surrealista tal que merezca la apertura de un cuarto “Kofi está en…X”, pero ojico! ya tiene que ser un sitio interesante. Por lo pronto me quedo con lo que me ayudó escribiros al llegar a Ruanda, a Pittsburgh y al Congo; la alegría de sentir que me leíais.
Un particular gracias a los fieles... y también a todos los que alguna vez pasasteis por aquí.
Un abrazo.